LAS MÉDULAS

Cuando los romanos cincelaban las montañas

 

TANTO LAS CUMBRES como los romanos son grandes guras de sus respectivos mundos: el de la Naturaleza las primeras y el de la Historia los segundos. Entendida muchas veces la acción humana como un pulso a la Madre Natura, en pocas ocasiones el producto resultante llega a ser tan bello y majestuoso.

El simpático Bilbo Bolsón, protagonista de El Hobbit, al dejar
el testigo en la versión cinematográfica de El Señor de los
Anillos, alertaba del peligro de poner un pie en el camino, pues nunca se sabe a dónde te puede llevar. Y es que pasear, el simple hecho de poner a funcionar las piernas, dando un paso
y luego otro, repitiendo la operación hasta que el cuerpo dice basta, es un placer muy especial. Incluso a algunas
personas parece que nos ayuda a pensar, quizá como les pasaba a los peripatéticos, esos filósofos que estudiaban
y debatían caminando. Moverse a pie es sano y permite conocer
una ciudad o un pueblo, un parque o un campo, escuchando sus sonidos y observando a sus moradores. Eso es aplicable también a los museos, tanto a los edificios como a otros custodios del pasado, unos templos de las musas a cielo abierto que llamamos yacimientos. El de Las Médulas (El Bierzo, León), y no es porque lo diga un estudioso y admirador de la Roma
antigua, es de los que cortan el aliento. El conjunto arqueológico, visto en fotografías, impresiona por su magnitud
pero no deja de reflejar además una cierta complejidad, una conjugación de naturaleza y artificio que pocas veces se pueden ver. Una catedral o una estatua son obras puramente
antrópicas, hijas de hombres y mujeres de tiempos y mentalidades que las hacían necesarias. Puentes y
presas también son elementos donde el ser humano demuestra su capacidad, aunque intentado controlar el mundo natural, sorteando los obstáculos que nos pone a nuestro paso. Algunos
considerarían una mina como integrante de este segundo grupo, pero Las Médulas son algo diferente, son picos esculpidos por el hombre, una alteración del paisaje que se ha
convertido en uno propio tan digno y valioso como una tierra virgen. Varios trofeos lo demuestran: Monumento
Nacional en 1932, Patrimonio de la Humanidad en 1997 y finalmente, en el 2002, Monumento Natural.

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Revista Turismo Rural · Apartado de correos nº 13 · 28180 Madrid